Salmo 23 - Pr. André Muller
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Pour
tous ceux qui
lisent
et écoutons la Palabra de Dieu à chaque instant, et aussi les étudiants en casa, je sais que beaucoup de vous les lisent les salmos en sus cas. Melita, par exemple, la señora du centre, a une série de salmos que l'on
l
'aise tous les jours. Nenée, nenée aussi.
Et
peut-être ce soit un des salmos que vous l'aise tous les jours, ou au moins se rappelle. ¿Cuántas veces
han
leído ya ou escuchado este salmo en sus vidas?
¿Alguien
sabe el número? Difícil saberlo, ¿no?
Pero
seguramente son muchos.
Esta
semana la visita al hogar de ancianos, empezamos a leer, y paré de leer, y seguimos hablando el salmo.
Sabían
todos de memoria, aunque el lenguaje de uno y de otro es un poco diferente.
Pero
es un salmo que está en la mente.
Ya
he sido invitado espontáneamente en velatorios que no fui para predicar, ¿no? Con Vale una vez, ¿te acuerdas, Vale? Y no sabía qué hablar en el momento, y saqué el salmo 23.
Y
¿saben qué? No eran cristianos la mayoría, pero sabían el salmo 23. Es un salmo que está en el senso común de las personas. Es algo que viene casi instalado con el ser humano. Aún así, sin embargo, es un salmo que todas las veces que lo leas,
te
trae algo nuevo.
Y
se aplica a cada momento, a cada circunstancia de una manera única. Único. Trayendo consuelo y paz a los corazones.
Porque
es la reafirmación de un Jesús
que
vino y se bajó al nivel de oveja.
Y
nos cuida desde allí, con todo amor del mundo.
Y
es un salmo interesante. Quiero que pase, ven, primero el salmo. Es el salmo 23. No lo vamos a leer de vuelta, pero miren. Puse en resaltado, en negrita, el próximo.
Miren
que interesante.
¿Cómo
surge ahí tan fuertemente el pronombre personal? Esta intimidad que tenemos con Dios.
Mi.
Me. Me. Me. Yo. Conmigo. Me. Mis. Mi. Me. Mi. Me. ¿Qué es eso? Mi pastor.
Él
no es un Dios que por ahí es el que elegí para ser mi pastor. Pero Él es el pastor mío.
Mi
pastor.
El
salmista David puede estar diciendo. Otros pueden tener a Emot, el Dios de la muerte. Yo tengo el Dios de la vida. Yahweh. Él es mi pastor.
Y
nada me faltará. Otros podrán estar adorando a Baal o a Baales. Falsos dioses. Yo y mi casa serviremos a Dios, el único Dios verdadero. Él es mi pastor. Y porque Él es mi pastor,
nada
me faltará.
Hay
una relación muy personal en eso.
Un
Dios que me conoce.
Un
Dios que sabe de mis fragilidades. Un Dios que me ve como oveja.
Este
es un salmo que personifica a la oveja. Y nos pone en el lugar de la oveja.
Un
animal que solo no puede.
Un
animal que solo no sobrevive.
Tiene
mucha lana y alguien tiene que cortar su lana.
Si
se cae en el agua, se hunde con la lana y se muere ahogado. Entonces va el pastor y saca con su callada la oveja.
Un
animal que tropieza en alguna piedrita ya se lastima porque es desproporcional. Sus patitas son muy finas y su cuerpo muy grandote.
Entonces
va el pastor a sanar su patita.
Una
oveja que va a oler una espina y se clava una espina en la nariz. Y el pastor tiene que ir a la noche allá a sacar. Si no, muere de infección. Un pastor que sabe guiar a los pastos, no a los yuyos venenosos.
Ella
no sabe la diferencia.
Un
pastor que guía durante el periodo exacto a pastos verdes. Porque cuando el sol está muy caliente, ella se desmaya de calor.
Un
pastor que libra de los lobos, la oveja se asusta tanto cuando ve a un lobo. ¿Qué saben lo que hace?
No
hace nada.
Se
paraliza.
Queda
quieta.
Y
el lobo no tiene ni que correr. Simplemente la agarra.
En
Uruguay son los perros.
Este
animal
solo
no sobrevive. Necesita de este cuidado.
Y
aquí el salmista nos está diciendo de forma única el Salmo David.
El
Señor es mi pastor. Nada me faltará.
Y
si con el Señor nada me faltará. Si yo pongo del otro lado es que sin el Señor todo me faltará.
No
puedo nada sin Dios.
No
sé a dónde ir, no sé cómo protegerme, cómo alimentarme, cómo cuidarme, mucho menos cómo salvarme.
Este
Salmo nos muestra que Dios está en todo.
Y
Él es dividido en tres partes. Y vamos a ver un poco eso. En la primera parte, este Señor va adelante de nosotros.
Y
entonces es importante que las ovejas escuchen su voz.
En
la segunda parte,
el
buen pastor está junto a las ovejas, observándolas, cuidándolas.
Y
en la tercera parte, este buen pastor deja que las ovejas vayan un poco adelante.
Que
tengan autonomía.
Que
tengan libre albedrío para elegir y saber caminar con buenos caminos. Y cuando
ellas se desvían,
el 10, capítulo 99, va y busca aquella que se fue. Pasamos un poco, Benjam. Esta es la primera parte. Los tres primeros versículos. Vemos en conjunto. El Señor es mi pastor. Nada me falta. En campos de verdes pastos me hace descansar.
Me
infunde nuevas fuerzas.
Y
ahí nos acordamos del evangelio leído hoy. Que decía. Mis ovejas oyen mi voz.
Y
yo las conozco.
Y
ellas me siguen.
Esto
es la palabra de Dios.
La
palabra de Dios que sirve, puede pasar, como una brújula. Que nos guía. Desde el momento en que fuimos ungidos por el Señor en el bautismo. Para ser nuevas criaturas.
Y
Él nos entendió, nos dio entendimiento para escuchar su voz.
Y
seguirlo. Y cuanto más intimidad tenemos con ese pastor, más Él va a estar guiándonos, cuidándonos por los caminos de esta vida.
La
segunda parte es este pastor que está en medio a su rebaño. Puede pasar, Ben.
Y
que nos cuida todos los días.
Aunque, leemos.
Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno. Porque tú estás conmigo. Con tu bar de pastor,
me infundes
nuevo aliento.
Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios. Derrama perfume sobre mi cabeza. Entonces, hay un comentarista bíblico,
me
encanta, se llama Rudy Blanc, que dice que este pasto,
esos
pastos verdes, pueden volver a
ver, los
pastos
verdes,
que es como un lugar donde las ovejas pasan la noche. Es un gran prado. El pastor tiene el cuidado de sacar todas las piedritas para que las ovejas no lastimen su pancita.
Un
lugar donde el pastor pueda ver toda la salida, los químicos de la montaña o los desfiladeros y observar si vienen los ojos.
El
pastor va y pone una
toviera arrugada en medio a las ovejas y esto ya lo lleva.
El
pastor busca un montón de piedras y tiene observado. El
pastor está
cuidando del buen pastor Jesús con nosotros. No nos saca
los ojos
de arriba de la iglesia. El pastor está siendo vigilado.
El
año pasado estuve en una iglesia en Alemania, en la ciudad de Ketlinburg.
Y
desde arriba saqué esas fotos.
Esta
es la torre de la iglesia. Interesante, allá arriba era gigante. Uno mira los campanarios de esas iglesias antiguas y parece que son escritos, ¿no? Es más grande que nuestra iglesia, el campanario. Y hay en el oro. Tenía ventanillas.
Y
hay una historia muy interesante. Primero, me llamó la atención que la iglesia es de madera. Me contaron que casi todas son de madera. Yo jamás imaginaba eso. Toda la estructura de la iglesia abierta de madera. Entonces, me contaban, y está escrito también en carteles, de que ahí vivía un tipo. Y en muchas iglesias antiguas de esa época, de la Edad Media, vivían personas. Vivía un tipo como el jorvado de Notre Dame. Y el real es lo que era. Estos hombres cuidaban a la iglesia. Tenían la función de tocar la campana. Y por eso eran todos sordos. Antes nos enteramos de eso. Porque
volaban
las
vidas
diarias. Y esta vida diaria era dictada por los órdenes del día. Las maipines, las medias, las vísperas. Y cada una de las veces. Seguían. Vienen. La iglesia dando la rutina de la vida.
Era el
encargado de estar vigilando la ciudad. Era
el
encargado
de estar vigilando la ciudad. de este tipo. Ahí arriba.
Aunque
nadie lo conocía.
La
mayoría de las personas ni sabía quién era.
Porque
pasaba toda su vida allá.
Él
era el pastor del pueblo.
Él
cuidaba al pueblo. Que ron entre los cristianos de este mundo para ser estas vagas.
Y también a los pasos.
Que están desde ahí vigilando
al pueblo. ¿No? Que son ovejas perdidas. También son
vigilados por Dios. Y Dios quiere usar a cada uno de nosotros como atalaya. Y especialmente al ministerio como atalaya.
En
esta iglesia sur. Aquí está la historia.
Para
el desigar. Este tipo muy cuidaba. Esta iglesia tenía una cámara. Como el donado doméstico de estimación. Y un día. Él se duerme. Y la cámara. Como toda cámara. Y se prende el fuego. Y se
quema
la iglesia. Y se quema la
cámara.
Desde donde debería venir la protección.
La
cámara producida. También los incendios.
Seguimos a estar en el horizonte. Eso está muy serio. Tenemos que iniquilar también la vida.
Después
que
yo me vaya. Este
Pablo.
Me dan.
Pausa.
Pasamos un poco más.
A la
vista de mis adversarios. Me prepara. Lutero no tenía ningún problema en ver en este versículo la Santa Cena. Dios anticipa lo que será el banquete eterno en la Santa Cena. Y todas las veces que participamos de la Santa Cena. Recibimos el cuerpo y la sangre de Jesús. Recibimos a ese Cristo que nos abraza. Nos contiene. Y nos fortalece. Y nos guía. Y que nos guía.
Hasta
el día en que entremos con esta
nube
de santos. Lavados por su sangre. En la herencia eterna.
Por
eso Jesús instituye el ministerio. Para seguir cuidando a sus ovejas. Juan 21.15 a 17. Dice. Apacienta mis ovejas.
A
Pedro.
Cuando
terminaron de comer. Jesús les dijo a Simón Pedro. Simón hijo de Jonás. ¿Me amas más que a estos? Le respondió. Sí señor. Tú sabes que te quiero. Él les dijo. Apacienta mis corderos. Volvió a decirle por segunda vez. Simón hijo de Jonás. ¿Me amas?
Pedro
le respondió. Sí señor. Tú sabes que te quiero.
Le
dijo. Pastorea mis ovejas.
Y
la tercera vez le dijo. Simón hijo de Jonás. ¿Me quieres? Pedro se entristeció. De que le. Dijera por tercera vez. ¿Me quieres? Y le respondió. Señor. Tú lo sabes todo.
Tú
sabes que te quiero.
Jesús
le dijo. Apacienta mis ovejas. Apacienta mis ovejas.
Esta
semana. ¿Cuál fue el centro de todas las noticias en el mundo entero?
La
institución o la redenación. El humo blanco. Del nuevo pago. Y es una figura muy importante. De todo. En el mundo. De hecho. Este es uno de los textos que da cabida a este. A esta institución.
Pero
Jesús no estaba hablando de una persona. Estaba hablando del ministerio en general. Y especialmente el sacerdocio universal
de todos los seres. Después de Pedro. De Cristo.
Pero
especialmente. Lo que está por detrás de esto. Es el pastor como atalaya. Pasa un poquito. Ven acá.
La
figura esa. Nos hace acordar. Una época en que Montevideo. Era
invadida.
De vez en cuando por los portugueses. De vez en cuando por otros. Por los españoles.
Y
quedaban rotando.
Y
esa casita era muy importante.
Porque
ahí estaba un
guardia.
Un atalaya.
Y
cuando se acercaba el enemigo. Él tenía que también dar señales. No con badaladas. Pero con cañones. De que se acerca el enemigo.
Cuando
no lo hacía.
Cuando
estaba distraído.
O
llevando el rebaño para otro lado. Fácilmente. Podría ser atacado. En la ciudad. Su atención. Era vital.
Y
así también es vital. La atención del ministerio.
Cuando
el pastor. No avisa. Que estás en peligro. O peor. Lleva las ovejas. Al peligro.
La
sangre de estos corderos. Será cobrado del pastor.
Por
eso no es un trabajo fácil. El ministerio.
Pero
si avisa.
Y
la oveja. No oye. La voz.
Y
va para otro lado. La culpa es de la oveja. Es. Ezequiel 33.7. Es a ti. Hijo de hombre. A quien yo he puesto. Como atalaya. Para el pueblo de Israel. Tú oirás.
De
mí mismo. La advertencia. Y les advertirás. Para que se prevengan. Oír. Y repasar. La advertencia. De Dios. Juan 10.27.28. Venga.
Las
ovejas. O las que son mis ovejas. Oyen mi voz. Y yo las conozco. Y ellas me siguen. Y yo les doy. Vida eterna. Y no perecerán. Jamás. Ni nadie las arrebatará. De mi presencia.
Muchas
veces.
Esto
parece fácil. Pero a veces las ovejas.
No
siempre son tan tranquiles.
Y
se vuelven. Un poco. Duras. Puede pasar.
Un
poquito. No sé si ya vieron. Ese video. No. Tienes que volver. Y clicar arriba. Ah. Clic
arriba.
Ahí
va.
Ahí va. Ahí está. La oveja. Y el pastor. Puede. Puede pasar eso. Esta es la lista. De mis pastores. Creo que ya les mostré. En algún momento. El pastor. De la derecha. Es el que me bautizó. Se llama. Arturo Kriger. Jubilado. Este pastor. Fue el que me confirmó. En novencia. Se les escucha. Es conocenal. Val de Leer. Fue el que me mandó. Al seminario.
Fue pastor. En el seminario.
En
la
época.
De mi iglesia. De
mi iglesia. Y
este fue. Mi día.
De mi cariaco. Y pastor. Señor. En los primeros años. De ministerio.
Y
creo que cada uno de ustedes. Podría recordar. Pastores. Personas que los pastorearon. Hasta aquí. Y quizás no solo pastores. Personas también.
Que
los apoyaron. Cristianos.
En
la fe. Líderes maduros. Dios.
Ha
usado. Y usa. Cada uno de estos hombres. Para seguir. Llevando su rebaño. Escuchar la sana palabra de Dios. Y recibir los sacramentos. Gracias sean dadas a Dios. Por el ministerio. ¿Puede pasar? Por favor.
Esto
es un video también. A ver si funciona. Que muestra.
Que interesante.
El
rol. De la voz.
La música del salmo. Hasta que Jesús vuelva.
Esta
es la preocupación. De Pablo. En el texto que leímos. ¿No? De.
Y
mira que Pablo. No está apuntando al ministerio. Para sí. Porque él dice. Algunos. Yo bauticé. A otro enseñó. Otro sembró. Otro cultivó. Otro cosechó. Pero el ministerio es de Cristo. ¿No? Pero Pablo. Alertando las ovejas. Yo sé bien. Que después de mi partida. Vendrán lobos rapaces. Que no perdonarán al rebaño. Aún entre ustedes mismos. Algunos se levantarán. Y con sus mentiras. Arrastrarán tras de sí. A los discípulos. Por lo tanto. Manténganse atentos. Y recuerden. Que noche y día. Durante tres años. Con lágrimas en los ojos. Siempre he aconsejado. A cada uno de ustedes. Esto es. La jornada. De la vida. De un Pablo. Que está dejando. El rebaño. Ir adelante.
Pero
orando. Y poniendo. En ellos. Recuerden. Lo que aprendieron. Ustedes. Saben. Escucharon el camino. No se dejen desviar. No se dejen. Mentir. Y encaminar. Para otro lado.
Y
ahí vamos al final. Al versículo seis. Del salmo de hoy. Versículo seis. Que dice. Leemos en conjunto. Sé. Que tu bondad. Y tu misericordia.
Me acompañarán.
Todos
los días de mi vida.
Y
que en tu casa.
Oh
Señor. Viviré. Por largos días. ¿Ah? Es ese. El camino. Y aun que en algún momento. Alguna ovejita. Descarriada. Se pierda. Él estará con nosotros. Y yo dije. Esa escuela bíblica. Pero quiero reforzar. Porque todos nosotros. Somos niños. Delante. De los ataques.
De
Satanás. Somos ovejitas débiles. Mira lo que dice. Isaías 40.11 Cuidará de su rebaño. Como un pastor. En sus brazos. Junto a su pecho. Llevará a los corderos. Y guiará. Con suavidad. A las ovejas. Recién. Paridas.
Yo
creo realmente. Lo que.
Hizo
con que aquellas ovejas. Escucharan la voz. Y reconocieran la voz. De aquel pastor. Diferente de los otros. Fue. El cariño. Que ellas tenían. Y el cariño. Que él trataba. Sus ovejas. Jesús nos trata. Con mucho cariño. No con la vara dura. Nos trata. Con amor. Con perdón. Con suavidad. Porque sabe. Que somos tan débiles. Como corderitos. Recién nacidos. En su amor. En su suavidad. Tenemos caricia. Para el alma. Y tenemos seguridad. De que nada. Ni nadie. Podrá sacarnos de ahí. Y nos dará la salvación eterna. Que Dios nos guarde ahí. Junto a este buen pastor. Hoy y siempre. Amén.